Las arepas son una herencia indígena que se posicionó en el recetario de la región hasta convertirse en una insignia de la comida paisa, hasta el punto que la arepa blanca es de consumo diario y acompaña todas las comidas. Existe gran diversidad de arepas y cada una se diferencia de la otra por la calidad y por los ingredientes de su masa, la variedad del maíz o por la manera en que se preparan: arepa aliñada, arepa de mute; arepa de choclo, arepa de maíz pelado o de maíz sancochado, entre otras.
El tamal que hace presencia desde México hasta Chile, en todas las cocinas aborígenes, tiene nombres en todas las regiones en donde se preparan. La cocina Antioqueña no es ajena a esa tradición y en su recetario existe un suculento amasijo de maíz, aderezado con zanahorias, arvejas, papas, presa de gallina y un infaltable trozo de tocino de cerdo que aporta un especial sabor. Un tamal es sinónimo de excelente desayuno.
La empanada hace parte de la sabiduría gastronómica paisa y pregona que este bocado merece un monumento nacional. Fue con la venta de empanadas parroquiales que la mayoría de los puentes, escuelas, hospitales y carreteras veredales se construyeron en esta zona.
Las empanadas de parroquia constituyen una auténtica institución gastronómica regional. La empanada es una preparación nacional. Se trata de un amasijo de maíz que se sofríe, cuyos guisos o rellenos cambian de región en región, dependiendo de los productos que más abunden en el mercado.